Vamos a ser realistas: la vida está llena de clichés. De situaciones repetitivas que, aun sin tener capacidades psíquicas, hacen que sepas de antemano lo que va a ocurrir como si estuvieses inmersa en un dejà vu.
Por ejemplo, si eres soltera y tienes en puertas una comunión, bautizo o cualquier celebración que implique la inevitable reunión familiar, ¿a que sabes que a tus tías les va a dar por ponerse a emular a Jennifer López, como posesas, taladrándote con lo de “y el anillo pa’ cuando”? Solo que sin coreografía, que tiene menos gracia Por no hablar de esa dieta que empiezas el lunes. No seré tan puñetera de decirte cuál es su futuro, tú ya lo sabes, ¿a que sí? En cuanto a las noches que sales con tus amigos y juras que no beberás una copa, pero terminas subid@ a la barra emulando a las chicas del Bar Coyote ―si tienes menos de treinta años probablemente no sepas de qué hablo. Da igual, disfruta de tu juventud― … corramos un tupido velo.
Pues la literatura, que al fin y al cabo no deja de ser un reflejo de la realidad ―más idealizado o viciado, dependiendo del carácter del autor de la obra― también tiene sus propios tópicos. Hoy te traigo una lista de los más habituales que, en mi opinión, podemos encontrar en la Novela Romántica.
¿Te apetece el plan? ¿Sí? Pues empiezo.
- Guapo, rico, exitoso hombre de negocios… ¡Y menor de treinta años!: y digo guapo, y rico, y hombre porque, la verdad, este tipo de personajes en su versión femenina no abundan mucho. Pero para los chicos de la romántica parece cosa fácil tener una carrera profesional construida y una solvencia económica que cualquier mortal envidiaría ―yo mucho, ni te imaginas cómo― cuando aún son veinteañeros. Sí, a la edad en la que la mayoría de los mortales todavía andamos desnortados, intentando encontrar nuestro lugar en el mundo y un trabajo que nos permita pagar un modesto alquiler para salir de casa de nuestros padres, ellos ya dirigen una empresa. ¿Te viene a la mente alguien con este perfil? ¿Sí? Pues… ¡Premio para ti! El señor Grey te recibirá en un momento.
- Pura como la nieve, blanca como… ¿la leche?: esta también ha cumplido ya los veinte. Y alguno más. Pero… aún es virgen. Es más, en toda esa vida que ha durado lo bastante para llevarla a la edad adulta ni siquiera a sentido curiosidad por experimentar el placer por su propia cuenta. A ver, que quede claro que no la critico; me parece una opción perfectamente respetable. Cada cual tiene derecho a decidir sobre su cuerpo y qué hacer o no con él, ¡solo faltaba! Es más, tan de acuerdo estoy, que lamento que este sea el caso contrario al anterior. ¿Por qué hay tantos personajes femeninos de este perfil, y tan pocos masculinos? Cualquiera sabe. Pero bueno, ¿se te ocurre alguien como ejemplo para este papel? ¿No? Pues cuando llegue el señor Grey ―que está tardando algo más de un momento― le preguntamos, que seguro que él no duda en darnos un nombre.
- ¿Quién dijo que la primera vez nunca sale bien?: Alguien que no ha leído una Novela Romántica en su vida, seguro. Porque, para nuestros protagonistas, no hay torpezas, ni inseguridades, ni ninguna de esas cosas tan humanas que fácilmente podrían hacer acto de presencia para aguarles la fiesta. ¡Qué va! Estas chicas tan inexpertas de las que hemos hablado amanecen a su primera noche de amor como una rosa. Despertando de un sueño ideal en el que ellas y sus parejas han demostrado tener una compenetración que ríete tú del ballet ruso. Si acaso, eso sí, un poco doloridas por la desorbitada virilidad de sus compañeros, pero poco más. En fin… No haré comentarios a este punto.
- En la familia no hay ningún feo: Esto lo decía mucho mi abuela, la pobre. Y yo, al escucharla, me sentía super aliviada. ¡Qué suerte teníamos! Luego crecí y comprendí que, como se dice por mi tierra, la pasión es ciega. Pero en el caso de las familias, sagas y linajes de la Novela Romántica la belleza familiar no es solo cosa de una abuela orgullosa. No, es un dato objetivo. O, si no, acuérdate de los tres hermanos jeques de Jane Porter. Eran irresistibles y ardientes como las arenas del desierto. Y, más allá de los lazos sanguíneos, la hermosura también sirve para afianzar amistades. Fíjate en los ángeles caídos, de Mary Jo putney ―¡los adoro! ― . Estos cuatro chicos que se conocieron en sus tiempos de estudiantes tendrían muchas cosas en común para llegar a fraguar una relación tan profunda como la que forjaron, sin duda. Pero es que, además, ¡eran insoportablemente guapos! Amén de poseer otras muchas virtudes, y defectos, igual o más atractivos que un físico imponente. ¿Te imaginas cómo habría sido tener la suerte de formar parte de una pandilla así?
- ¿Quieres cambiar tu vida? Pues empieza a escribir un diario: Sí, ya lo sé. Ahora mismo estás pensando en Bridget Jones. Y también sé que es muy probable que, en tu cabeza, este personaje tenga un parecido más que razonable con la actriz Renée Zellweger. Es normal, me pasa igual. Pero ella no es la única que, de la primera a la última página de su diario personal, evoluciona de loser a heroína ―bueno, igual Bridget es demasiado humana para convertirse en una super woman, pero tú ya me entiendes―. El caso es que, cuando los escritores nos endosan a los lectores el papel de cotilla sin escrúpulos que se encuentra el diario de otra persona y se lo lee de principio a fin sin ningún reparo, siempre vemos como a la dueña del mismo le cambia la vida para mejor. Es normal, dejando de lado el juego que nos propone el autor lo que leemos es una novela y tiene que engancharnos y despertar nuestro interés. Si no pasara nada la cerraríamos y la relegaríamos a la estantería sin piedad. Otra cosa es que lo del diario nos vaya a funcionar en la vida real. Yo ya me he cansado de gastar cuadernos, a ver si le doy a mi vida el giro que necesita, y nada. No desperdicio ni uno más.
- De villano cruel a héroe piadoso: No me refiero a esos malotes que terminan convertidos en devotos enamorados, por obra y gracia de Cupido, antes de llegar al final de la novela. Aunque también es un perfil que encontramos con frecuencia en estas historias, el personaje del que quiero hablarte tiene un matiz diferente. A ver, ¿te has dado cuenta de que cuando en una novela romántica nos topamos con un villano guapo, este tiene todas las papeletas para convertirse en el protagonista de otra historia de la misma autora? Seguro que sí. Es bastante común, y también curioso, como estos hombres se redimen no ya en cuestión de capítulos, sino de volúmenes. Y, para ilustrar este caso, no puedo hacer referencia más que a mi amado Nicolas, El príncipe de mis sueños escrito y descrito por Lisa Kleypas. ¡Me encanta este personaje!
- El internado en Suiza: Vale, este igual no es tan, tan común. No es que te puedas encontrar montones de novelas en las que aparezca. Pero, párate a pensarlo. Cada vez que la chica rebelde ―con causa o sin ella― excede el control o la paciencia de su padre, madre o tutor/a ―da igual el parentesco― ¿qué hace con ella ese adulto al que tiene desesperado de la vida? La manda al internado, sí; ¡hala! El problema para los maestros. Y, ¿dónde está ese internado? ¡En Suiza! En serio, no falla nunca. Fíjate en adelante y verás como tengo razón. Para ejemplo, te invito a leer Rumbo a ninguna parte, de Pat Casalá. Ya verás en donde acaba Aurora, la protagonista. Por cierto, esto siempre me ha generado la curiosidad de a dónde enviaran a las rebeldes suizas. ¿Las traerán a un internado español? Si es así, no sé yo si acabarán metidas en vereda, pero seguro que se lo pasan de miedo.
Y aquí lo voy a dejar. No sé si estarás de acuerdo con los puntos que he comentado; si habrías añadido o quitado alguno. ¿Cuál sería tu lista? Cuéntamela, que te estaré leyendo.
Antes de despedirme quiero dejar claro que, aunque creo que es evidente, esta es una lista hecha por una amante de la Novela Romántica. Una que, además de llevar años leyéndola incansablemente, también acumula un puñadito más pequeño escribiéndola. Es por esto que no solo he caído en todos los clichés que he mencionado sino que, con toda seguridad y placer, volveré a hacerlo las veces que sean necesarias.
Artículo realizado por Adriana Andivia.
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