Detalle de la opinión
4.7 3 0.5Una preciosa historia de amor
Valoración
5.0
No soy mucho de romance histórico, pero dentro de este género las novelas que están ambientadas en el lejano oeste me encantan, diría que son mis preferidas. Así que podéis imaginar cómo he disfrutado, una novela de Laura, que siempre son una maravilla y encima de vaqueros.
Rose Randolph salió de su casa apenas con dieciocho años para contraer un matrimonio concertado por su padre. Ha estado once años viviendo en soledad y con la culpa de no haber servido para poder dar herederos, pero hace unos meses que su marido ha muerto, y Rose recibe un aviso de su padre para que vuelva a casa. La joven está ilusionada de poder volver a su hogar y convivir con sus hermanos, a los que apenas conoce, pero poco le durará la alegría pues su progenitor ya tiene unos planes hechos para ella, ha concertado otro matrimonio con un vecino que acaba de enviudar.
La joven no quiere volver a pasar por lo mismo, y aludiendo a su luto intenta alargar lo máximo posible el enlace. Su vida en el rancho no es lo que esperaba y su desolación solo la calma cuando mira por la ventana de su cuarto y ve a un vaquero que trabaja domando a los caballos, y que los trata con una dulzura que ya quisiera ella para sí.
Gabriel Salas, conocido por todos como Bronco, trabaja en Las Claritas temporalmente. Su vida se vio marcada por una tragedia, de la que juró vengarse, así que cuando su hermano Rico le avise partirá para cumplir la promesa que hizo a su familia.
Bronco es un mexicano cuyo tamaño y aspecto duro no concuerdan con la forma en que trata a los caballos, sin embargo con Rose se muestra despiadado y la trata con mucho desprecio, pues la considera poco menos que una señoritinga fría y estirada.
Bronco rescata a Rose en un par de ocasiones en que se pone en peligro, y para la joven la atracción que siente por él se va convirtiendo en amor, pero tiene un compromiso que no puede eludir, y sabe que ese amor tan grande que siente no es correspondido, ¿o tal vez sí?
Laura lo ha vuelto a hacer, qué historia tan bonita y qué personajes tan maravillosos.
Rose es un personaje que en ocasiones me ha dado pena, en aquellos tiempos es verdad que las mujeres no tenían voz ni voto, y para su padre no ha sido más que una moneda de cambio. No ha conocido el amor ni tampoco la felicidad. Su vida ha estado vacía hasta ahora que su corazón palpita cada vez que está junto a Bronco. Me ha gustado de ella, el sentido de la responsabilidad y de sacrificio que tiene, siempre pensando en los demás más que en sí misma.
Bronco. ¡Ay, Bronco! Tras esa apariencia dura y fría se encuentra un hombre de gran corazón. La vida ha sido dura en los últimos tiempos y se encuentra más a gusto entre sus caballos que tratando con otros vaqueros. Imaginarlo acariciar a los animales es una gozada, pero cuando está con la pequeña María hacía que se me cayera la baba.
Secundarios aparecen bastante y todos tienen importancia en la historia, pero habría que destacar a Angy y Will, hermanos de padre de Rose, que tampoco están llevando una vida demasiado fácil, sobre todo el pequeño. Y tenemos también a Rico, hermano de Bronco, que igual que a él la vida no le ha resultado fácil; es un joven divertido, fuerte y se ha endurecido muchísimo en dos años. Me ha encantado la buena armonía que hay entre los dos hermanos. Y ojalá la autora nos deleite con las historias de ellos.
La prosa de Laura ya la conocía y como siempre es fluida y muy cuidada, se nota que ha trabajado mucho la ambientación, sobre todo con la jerga mexicana de aquellos tiempos. Puedo decir que he sido una espectadora de Las Claritas, he disfrutado de las bellas imágenes de la doma, de la vestimenta y sobre todo he vivido los sentimientos de los personajes, y he tenido el corazón en un puño en varias ocasiones.
Le llamaban Bronco es una preciosa historia de amor ambientada en el lejano oeste, sobre dos personas completamente opuestas que están rotas, pero que la vida les ofrece una segunda oportunidad, aunque para alcanzar la felicidad tendrán que afrontar las adversidades que se les presentan, pero son fuertes y valientes y lucharán contra todo y contra todos para conseguirla.
Rose Randolph salió de su casa apenas con dieciocho años para contraer un matrimonio concertado por su padre. Ha estado once años viviendo en soledad y con la culpa de no haber servido para poder dar herederos, pero hace unos meses que su marido ha muerto, y Rose recibe un aviso de su padre para que vuelva a casa. La joven está ilusionada de poder volver a su hogar y convivir con sus hermanos, a los que apenas conoce, pero poco le durará la alegría pues su progenitor ya tiene unos planes hechos para ella, ha concertado otro matrimonio con un vecino que acaba de enviudar.
La joven no quiere volver a pasar por lo mismo, y aludiendo a su luto intenta alargar lo máximo posible el enlace. Su vida en el rancho no es lo que esperaba y su desolación solo la calma cuando mira por la ventana de su cuarto y ve a un vaquero que trabaja domando a los caballos, y que los trata con una dulzura que ya quisiera ella para sí.
Gabriel Salas, conocido por todos como Bronco, trabaja en Las Claritas temporalmente. Su vida se vio marcada por una tragedia, de la que juró vengarse, así que cuando su hermano Rico le avise partirá para cumplir la promesa que hizo a su familia.
Bronco es un mexicano cuyo tamaño y aspecto duro no concuerdan con la forma en que trata a los caballos, sin embargo con Rose se muestra despiadado y la trata con mucho desprecio, pues la considera poco menos que una señoritinga fría y estirada.
Bronco rescata a Rose en un par de ocasiones en que se pone en peligro, y para la joven la atracción que siente por él se va convirtiendo en amor, pero tiene un compromiso que no puede eludir, y sabe que ese amor tan grande que siente no es correspondido, ¿o tal vez sí?
Laura lo ha vuelto a hacer, qué historia tan bonita y qué personajes tan maravillosos.
Rose es un personaje que en ocasiones me ha dado pena, en aquellos tiempos es verdad que las mujeres no tenían voz ni voto, y para su padre no ha sido más que una moneda de cambio. No ha conocido el amor ni tampoco la felicidad. Su vida ha estado vacía hasta ahora que su corazón palpita cada vez que está junto a Bronco. Me ha gustado de ella, el sentido de la responsabilidad y de sacrificio que tiene, siempre pensando en los demás más que en sí misma.
Bronco. ¡Ay, Bronco! Tras esa apariencia dura y fría se encuentra un hombre de gran corazón. La vida ha sido dura en los últimos tiempos y se encuentra más a gusto entre sus caballos que tratando con otros vaqueros. Imaginarlo acariciar a los animales es una gozada, pero cuando está con la pequeña María hacía que se me cayera la baba.
Secundarios aparecen bastante y todos tienen importancia en la historia, pero habría que destacar a Angy y Will, hermanos de padre de Rose, que tampoco están llevando una vida demasiado fácil, sobre todo el pequeño. Y tenemos también a Rico, hermano de Bronco, que igual que a él la vida no le ha resultado fácil; es un joven divertido, fuerte y se ha endurecido muchísimo en dos años. Me ha encantado la buena armonía que hay entre los dos hermanos. Y ojalá la autora nos deleite con las historias de ellos.
La prosa de Laura ya la conocía y como siempre es fluida y muy cuidada, se nota que ha trabajado mucho la ambientación, sobre todo con la jerga mexicana de aquellos tiempos. Puedo decir que he sido una espectadora de Las Claritas, he disfrutado de las bellas imágenes de la doma, de la vestimenta y sobre todo he vivido los sentimientos de los personajes, y he tenido el corazón en un puño en varias ocasiones.
Le llamaban Bronco es una preciosa historia de amor ambientada en el lejano oeste, sobre dos personas completamente opuestas que están rotas, pero que la vida les ofrece una segunda oportunidad, aunque para alcanzar la felicidad tendrán que afrontar las adversidades que se les presentan, pero son fuertes y valientes y lucharán contra todo y contra todos para conseguirla.